Noviembre del año 2007. No hace mucho que había comenzado a venirme a la universidad en bicicleta, feliz y animado porque me servía para hacer ejercicio y encima no quedaba muy lejos. Un domingo que fui a estudiar allí, dejé la bicicleta anclada con su correspondiente cepo de alambre retorcido dentro de la universidad, en los jardines del edificio Sabatini. Cuando a las 22h bajé a por ella, no estaba.
Faltan unos cinco días para Semana Santa y acostumbro a pasar las tardes estudiando en el mismo edificio Sabatini, en las mesas del tercer piso. Como siempre que llevo chaqueta, ésta reposa en el respaldo de mi asiento. Durante toda la tarde estuve acompañado, pero eso no evitó que al ir a recoger mi chaqueta no la encontrara, junto con el DNI, la tarjeta del banco, el carnet de la universidad, el de la Seguridad Social y otro buen montón de tarjetas, tickets y unos pobres cinco euros. No hacía ni un mes que tenía la cazadora y me encantaba.
El 10 de marzo, con el dinero de la beca en la que estoy trabajando me compro una señora bicicleta, una Orbea Tuareg, modesta pero estupenda. Debido a la lluvia o a la vaguería que me caracteriza, solo la cojo a intervalos para ir a la universidad. Ésta semana había tomado la determinación de usarla de transporte hasta que acabaran los exámenes y hoy era el segundo día que venía. Estaba encantado y me había puesto incluso en plan sano a comer fruta y tal, motivado por mi reciente y satisfactorio ejercicio diario. Anteayer domingo fui a hablar con el encargado de seguridad del Sabatini para preguntarle si podía dejarla dentro del edificio, y me dió un número para que hablara con su superior.
Son las 20:30 horas aproximadamente cuando, animado, vuelvo a donde dejé la bici para cogerla y marcharme a casa. La encuentro, si (uff), pero le falta el sillín. Cuando la compré no fui nada tonto, y me gasté 30€ en una cadena cadena, de las de hierro y diez kilos de peso (que por cierto, llevaba a diario a la espalda) así que no pudieron robar la bicicleta, pero se llevaron el sillín.

Meses atrás, un compañero que también venía en bicicleta me contó que intentaron robarle la rueda, pero como no pudieron se la deformaron a golpes y cuando llegó, pese a que no se habían llevado nada, no pudo usarla y tuvo que comprar una rueda nueva.
A principios de éste curso, cuando entré en delegación de becario, había una cantidad importante de personas que se quejaban de que alguien les había abierto las taquillas y robado… dentro de la universidad, en los propios pasillos de ésta.
También a principios de curso, a una compañera le robaron el portátil por dejar la mochila encima de una mesa de la cafetería y darse la vuelta.
Vosotros me direis. Voy a escribirle una carta a la universidad con la copia de mis tres denuncias (las tres en menos de un año), y no creo que a mis compañeros les importe dejarme una copia de las suyas.
¿Qué pasa en Leganés para que haya tanta gentuza?
Pero da igual, porque tengo el gatito que me ha regalado mi hermana ^.^

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